Hemos comentado en diferentes ocasiones las bondades de la Auditoría de Cuentas en la gestión económica-financiera de la empresa.
Recordamos que la nueva Ley de Auditoría configura a la auditoría de cuentas como la actividad que, mediante la utilización de determinadas técnicas de revisión, tiene por objeto:

* la emisión de un informe acerca de la fiabilidad de la información económica financiera auditada; no limitándose, pues, a la mera comprobación de que los saldos que figuran en sus anotaciones contables concuerdan con los ofrecidos en el balance y en la cuenta de resultados, ya que las técnicas de revisión y verificación aplicadas permiten, con un alto grado de certeza y sin la necesidad de rehacer el proceso contable en su totalidad,
* dar una opinión técnica e independiente sobre la contabilidad en su conjunto y, además, sobre otras circunstancias que, afectando a la vida de la empresa, no estuvieran recogidas en dicho proceso.
Conviene precisar, además, que se trata de un servicio que se presta a la entidad auditada y que afecta e interesa no sólo a ésta, sino también a terceros que se relacionen o puedan relacionarse con la misma, habida cuenta que todos ellos, entidad y terceros, pueden conocer la calidad de la información económico-contable sobre la cual versa la opinión emitida por el auditor de cuentas, sin que, por ende, pueda limitarse su uso y distribución.
En estas circunstancias resulta interesante la respuesta a una cuestión que, recientemente, se le ha planteado al Presidente del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) -José Antonio Gonzalo Ángulo- en relación con el perfil del futuro Auditor de Cuentas, indicando el Presidente del ICAC que:
Esta pregunta puede responderse solo desde la esperanza y la confianza en los profesionales actuales, que son el germen de lo que nos puede deparar el futuro.
Añadiendo que ve al auditor de cuentas como:
* un profesional económico de alto nivel, cualificado,
* con conocimientos generales además de los específicos de contabilidad, auditoría y control,
* con una gran capacidad para entender los procesos de gestión empresarial e interpretar las necesidades informativas de los usuarios de la informaciónfinanciera empresarial.
No obstante, todas estas cualidades no valdrían nada si no tuviera un alto grado de exigencia ética con su trabajo y una vocación clara de servir al interés público con honestidad, independencia y dedicación.
El futuro de la actividad profesional depende en gran medida de que estas expectativas se cumplan, porque es lo que desea el usuario de los servicios del auditor. El sueño del auditor no puede centrarse en tener una Ley favorable y aprovecharse del monopolio que supone un ejercicio profesional exclusivo. Tiene que cumplir las expectativas que la sociedad y sus instituciones depositen en él como servidor del interés público, que no es igual –y en ocasiones se contrapone– al interés profesional o al interés particular.
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