miércoles, 2 de septiembre de 2009

Expansión.com: Gracias, pero... ¿me estás sobornando?

Gracias, pero... ¿me estás sobornando?
No hay ejecutivo que se precie que alguna vez no haya recibido como regalo una pluma Montblanc, una corbata Hermés o algún que otro jamón de algún cliente agradecido.
Publicado el 02-09-09 , por Sergio Saiz

Sin embargo, suele ser la clase política, tal vez por aquello de trabajar para la mayor compañía de cada país: la Administración, la que más experiencia tiene en esto de recibir obsequios, sobre todo de parte de algún empresario.
































El problema de tanto agradecimiento es que siempre hay algún mal pensado que insinúa que, por ejemplo, se pueden regalar trajes a cambio de un favoritismo en un concurso de adjudicaciones o que un ejecutivo va a aprobar la compra de una nueva partida de impresoras a cambio de, digamos, un viaje a las Seychelles para él y su familia. Y si no, que se lo pregunten a Francisco Camps o a los parlamentarios británicos envueltos en escándalos de sobornos en los últimos años.

¿Dónde se encuentra la línea entre el regalo y el soborno? Todo el mundo tiene derecho a que, de algún modo, se le reconozcan determinadas acciones que van más allá de su obligaciones laborales y son muchos quienes hacen suyo el dicho de que es de bien nacidos ser agradecidos.

Legalidad
El socio responsable de Forensic de Ernst & Young y experto en fraudes, Ricardo Noreña, explica que el primer paso es tener en cuenta los aspectos legales, ya que en algunos sectores, como el farmacéutico, está prohibido por ley hacer regalos a los facultativos, aunque eso no evita que los laboratorios organicen multitudinarios congresos para médicos en destinos exóticos y corran con todos los gastos del viaje y del alojamiento en hoteles de cinco estrellas. En España, además, «no está tipificado el soborno entre particulares», sólo el de cargos públicos, explica.

Al final, el límite en una empresa entre el regalo y el soborno lo decide la propia compañía, ya que es una cuestión ética y no legal. En España, la picaresca a la hora de hacer y recibir regalos está a la orden del día, hasta el punto de que cuatro de cada diez ejecutivos nacionales justifican el soborno si es necesario por el bien de la empresa, según una encuesta de Ernst & Young. Sólo países como Turquía o Rusia superan esta cifra, ya que la mitad de su alta dirección no dudaría en sobornar a un funcionario o a un proveedor si el negocio lo merece.

Escándalo tras escándalo, los códigos éticos van ganando popularidad, sobre todo, en las grandes firmas que, como BMW o Siemens, se han visto salpicadas por todo tipo de acusaciones en este ámbito, aunque en España «todavía queda mucho camino por recorrer», opina Ricardo Noreña.

La mayoría de las firmas reconoce en sus códigos de conducta que los empleados no pueden aceptar ningún regalo que interfiera en la actividad principal de la compañía. Frente a este principio de tan amplia y libre interpretación, se encuentran casos en los que se prohíbe expresamente aceptar cualquier objeto que supere un determinado valor económico que, generalmente, se sitúa entre los 200 y 300 euros, aunque algunas firmas fijan el límite en 50 euros.

Sin embargo, lo más habitual es encontrarse con que las empresas improvisan sobre la marcha y deciden en cada caso cuándo un regalo puede o no ser aceptado, lo que hace que incluso haya empleados y directivos que reciban en su domicilio particular cestas de agradecimiento y otro tipo de regalos, evitando así cualquier mirada indiscreta y ahorrando a la compañía debates éticos.

Consecuencias
Sin embargo, el precio a pagar si descubre un soborno, además de que el empleado pueda verse involucrado en un proceso penal acusado de otro tipo de delitos, puede ser incluso el fin de las actividades de la compañía, ya que, como señala Noreña, este tipo de escándalos «afectan a la imagen de la compañía», por lo que apunta a la necesidad de hacer auditorías, revisar los procedimientos de control y trabajar en concienciar a los empleados de la diferencia entre aceptar un regalo y recibir un soborno.

Pero el ejemplo tiene que empezar por lo más alto de la organización y esto no siempre ocurre en muchas compañías. Si la plantilla ve desfilar dádivas por los diferentes despachos, el mensaje que reciben es el de aquí todo vale o, citando el refranero popular: Tonto el último.

Códigos éticos

Coca-Cola
«Se prohíbe que los empleados de The Coca-Cola Company acepten algo más que regalos modestos, comidas y atenciones de proveedores. Las comidas de negocios habituales y las pequeñas muestras de aprecio como canastas de regalo en días festivos están bien».
Fuente: Código de conducta empresarial de Coca-Cola.

Schindler
«A menos que su supervisor autorice la aceptación, el empleado debe devolver cualquier regalo de una cuantía superior a cincuenta dólares americanos».
Fuente: Principio del Código de Conducta de Schindler.

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